[posted 8 hours ago with 530 notes]
[posted 8 hours ago with 499 notes]
[posted 8 hours ago with 68 notes]
[posted 8 hours ago with 37 notes]
[posted 8 hours ago with 463 notes]

Nuevo capítulo del Fanfic ♥ {Golden Ticket}

[posted 8 hours ago with 22 notes]
doctordrewstalker:

bieber-strength:

doctordrewstalker:

bieber-strength:

Fanfic: Golden Ticket.{ Narrada por Justin Bieber }
{ Todos los capítulos. }
Capítulo XVIIBajamos de la cesta y ella me rodeó la cintura con un brazo mientras caminábamos. Tenerla tan cerca, con su delicioso calor a mi costado era una sensación exquisita. La observé y rodeé sus hombros con mi brazo acercándola aún más, sin poder retener mis caricias, y comenzamos a caminar hacia el Porsche.-¿Qué pediste? -me preguntó.-¿Cómo?-A la estrella, ¿qué pediste?-Uf, es un secreto.Rodó los ojos.-Siempre todo es un misterio contigo. Algún día te sacaré información.-Sí. Algún día.Era una noche tibia y en el camino de vuelta podíamos llevar el techo abajo, con el viento dándonos de lleno en el rostro, con olor a playa y a ella. Sobre todo a ella. Ese aroma embriagador que me obliga a cerrar los ojos y respirar hondo para disfrutarlo unos últimos minutos. Pasamos por la carretera junto a la playa y ella se apoyó en un codo contra la puerta, jugueteando con mi chaqueta que lleva sobre el regazo.-¿La vas a extrañar? –preguntó.-¿A quién?-La playa. Sabes, después de todo.Me giré para verla y ella me dedicó una sonrisa triste. «Después de todo. » Oh, claro, después de todo, ¿cómo no extrañarla? Incluso llego a preguntarme si algún día podría volver a este lugar y no acordarme de ella. Todas esas cosas que pasaron sobre la arena. ¿Cómo olvidar que fue allí mismo dónde me di cuenta que la quería tanto?-No –alargué mi mano y sujeté la suya-. Te voy a extrañar a ti.Volví a centrarme en la carretera sin soltarla, acaricié su palma con mi pulgar, tratando de tranquilizarla y trazando círculos sobre su piel.-¿A qué hora te irás?-Por la noche.Asentí.Estábamos a minutos de llegar; sólo un par de cuadras más. Bajé la velocidad y me detuve junto a una palmera. A regañadientes aparté mi mano de la de ella y quité la llave de mando.-¿Una última vez? Me encogí de hombros y ella me dedicó una radiante sonrisa. Ambos nos quitamos los zapatos y comenzamos a correr por la playa.-¡Alcánzame! –gritó y comenzó a correr sobre la arena.« Oh, con mucho gusto»Salí tras ella dando zancadas, pero ya me llevaba un buen resto de ventaja. Siguió corriendo, evitándome y chillando cuando ya casi la alcanzaba. De pronto cayó de rodillas sobre la arena y aproveché para abalanzarme sobre ella con mis manos haciéndole cosquillas en el estómago. Comenzó a retorcerse, a reírse y a ponerse colorada bajo mis brazos. « Preciosa. » Me incliné sobre ella y rodeé su cintura con mis brazos, luego me levanté del suelo con ella sobre mi hombro.-¡Bájame! –chilló.Reí sin hacerle caso y comencé a caminar a la orilla hasta que el agua me llegó a la rodilla.-Sus palabras son órdenes, princesa.Y la bajé suavemente sobre el agua haciendo que gritara.-Tonto. –exclamó dándome un empujón con ambas manos.Comencé a tambalearme de espaldas y antes de caer me sostuve de su brazo arrastrándola conmigo y ambos caímos sobre el agua. Salió dando bocanadas de aire y salpicando agua, comenzó a correr devuelta a la orilla antes de que pudiera recomponerme. Me quité la sal de los ojos y corrí por ella. La ropa me pesaba y correr en el agua era una mierda agotadora, así que apenas estuve fuera di un par de zancadas casi sin aire, la rodeé con mis brazos y la lancé al suelo conmigo. La arena se nos coló por la ropa hasta la piel, pero sin prestarle atención comenzamos a rodar por el suelo, ensuciándonos y nos tumbamos boca arriba para recobrar el aliento.-¿Cómo nos subiremos al auto ahora?Me encogí de hombros.-Me importa una mierda.Comenzó a reír, relajada, con cabello húmedo pegado al rostro y repleta de arena. Un recuerdo me golpeó y palidecí. Era así cómo la vi el día en que me comenzó a gustar. Así era como me gustaba más. No me aguanté y me giré sobre mi puesto hasta abrazarla pegando nuestros helados cuerpos.-Estás temblando. –susurré.-No importa.-Si importa. Son las dos de la madrugada, es hora de volver o pillarás una pulmonía.La besé en la mejilla presionándola a mi lado una última vez.«Jodido día»El silencio en casa era absoluto. Me restregué los ojos con más fuerza de la necesaria, porque decir que estaba soleado era quedarse corto. Me pasé una mano por la frente húmeda de sudor y maldije en voz baja. Tomé aire una última vez y por fin me convencí de sentarme en la cama; es hora de levantarse. A propósito, ¿qué hora será? Revisé el celular y ya eran las diez. « Tengo que levantarme. Tengo que levantarme» Me repetía mentalmente como un mantra. Pero no tenía ganas. ¿Cómo empiezas un día tan difícil? No quería empezar ese día. Me lancé sobre el colchón otra vez expirando con dificultad. Traté de convencerme de que si cerraba los ojos al abrirlos sería nuevamente quince de octubre. No, definitivamente no dio resultado.Gruñí y de mala gana me levanté con los ojos aún entrecerrados, desvistiéndome por partes hasta llegar a la ducha.Mientras me duchaba no podía dejar de pensar en que realmente era el último día. Me pasé las manos por el rostro con frustración, ¿por qué tan poco tiempo? « ¿Dónde estará ahora?»El silencio interrumpido sólo por la caída del agua me confirmaba que no estaba. No quería pensar en que estaría afuera con Ryan, Dios sabe dónde, haciendo Dios sabe qué. El muy cabrón debía estar disfrutándola justo en ese momento; abrazándola, seguramente besándola.Ignorando en qué pensaba, decidí concentrarme en la noche anterior. Bendita noche. Me pasé la lengua por los labios sin darme cuenta, buscando su calor o quizás restos de su sabor, pero sólo sentí agua tibia que me caía sobre la cara. Y de nuevo pensé en que él estaría teniendo sus labios, justo ahora.Cansado y jodido salí de la ducha y me vestí rápido. Saqué lo primero que encontré, junto con una visera y otro par de lentes. Me miré en el espejo discutiendo conmigo mismo si debía llamarla o no. Tenía toda la voluntad de hacerlo, pero no me sentía de ánimo para volver a ser la segunda opción, escucharla decir que tenía que irse por Ryan y tener que conformarme con una simplona llamada de veinte segundos. No, no la llamaría.«Tal vez un mensaje…»« ¡Carajo! Si la vi hace sólo un par de horas. »Estaba a punto de tirar el iPhone detrás de un mueble para evitar la tentación y de improviso la pantalla decidió encenderse por sí sola. Un mensaje. De ella.«Menuda sorpresa»Alcé las cejas y con ansias desbloqueé la pantalla y me puse a leer el mensaje.“Salí con Ryan.¿Te veo para la cena?”Seco. Simple. Sutil. Supongo que me esperaba signos de exclamación seguidos por infinitas caras sonrientes, pero su mensaje se mostraba mucho más frío de lo que esperaba. Ryan la había llevado a un SPA, había visto unos boletos sobre la mesa del comedor, y esperaba que ella me lo contara con el entusiasmo de siempre, diciéndome lo emocionante que era eso para ella. Pero no. ¿Por qué no? Tal vez Ryan se cansó y le contó que yo aún la quería, debió pensar que era muy incómodo contarme que saldría con él. O quizás ya no le emocionaba tanto salir una mañana con él. O tal vez sólo no tenía tiempo.Apostaría que estaba tomando decisiones apresuradas y haciendo una torre de un grano de arena. Sacudí la cabeza para despejar mi mente y escribí una respuesta con rapidez, diciéndole que me alegraría la tarde cenar con ella.Acababa de presionar el botón de enviar cuando pasos acelerados resonaron por el pasillo. Pasos fuertes y rápidos de alguien molesto. Antes de poder reaccionar la puerta de mi habitación se abrió golpe, chocando con fuerza contra la pared y haciendo que retrocediera un paso. « Mierda»Entró Scooter prácticamente golpeando el suelo con los pies, con bultos en ambos brazos, furioso y con el rostro enrojecido. Nunca lo vi tan molesto.« Triple mierda. »Sin decir palabra tiró ambos bultos sobre la cama: revistas, diarios y una laptop salieron disparados de una bolsa. Cerró la puerta de golpe y se volvió hacia mí con la mirada gélida. Palidecí en menos de tres segundos, él nunca fue de invadir mi espacio, mucho menos de molestarse conmigo. Debía haber hecho algo muy jodido para que él estuviera dentro de mi habitación de esa manera.-¿Me puedes explicar qué carajo significa eso? –Señaló los papeles que comenzaron a esparcirse sobre el edredón.- Me llamó tu agente de imagen y publicista para decirme que esta sorpresa estaba frente a mi puerta. Necesito una jodida explicación, ¡ahora!Frunciendo el ceño y sin aún comprender nada, me acerqué a la cama y eché un vistazo a los papeles sobre ésta. Me quedé helado al ver lo que había: Portadas, titulares, miles… Míos y de ella. En más de alguna foto salíamos abrazados, nombrados como novios. Algunos en diferentes idiomas: alemán, francés, italiano…«Joder»En un periódico sensacionalista, oculto inocentemente entre todos los demás, había un artículo de dos planas en la que salía yo golpeando a Ryan, enrojecido por el alcohol y la ira, con mis rodillas sobre sus hombros y mis nudillos justo sobre su mandíbula ensangrentada. Al menos había siete imágenes a todo color de los golpes. Pero se ponía peor al leer: No era sólo ese evento poco fortuito, sino que eran miles, muchas fotos mías, anteriores, de fiestas anteriores y peleas anteriores. No podía evitar la desesperación, el corazón se me desbocó. No, no, no. Ahora ella lo sabría, carajo, ¡lo sabría! Por eso el mensaje era tan hostil. ¿Quién querría juntarse con un idiota como yo?-¿Ella vio todo esto?-¿Qué? –Scooter me observó incrédulo- ¿Toda la reputación se ha ido a la jodida mierda y a ti te importa si ella lo vio? ¡Carajo, te dije que te alejaras! ¿Cómo pudiste ser tan idiota? Ahora creen que te la estás tirando y tú te preocupas por si ella lo vio. ¿Notas lo jodido que está esto?Presioné puños a mis lados y conté hasta diez.-No te vuelvas a dirigir a ella en ese tono –susurré- Y de todos modos no es mi novia, mucho menos me la estoy “tirando”. Esas fotos no dicen nada, carajo, ¡ni siquiera nos estamos besando!-¿Bromeas? Mira –levantó una portada francesa con una foto de ella y mía sobre mi yate-¿Cómo esperas que no crean que ustedes tienen algo? ¿Qué mierda hacías con ella en tu yate?Ignoré su pregunta.-Dímelo, ¿ella vio todo esto?-No.Solté un suspiro de alivio.-¿De dónde salió todo esto? ¿Por qué no hemos visto nada de esto aquí?-Estamos en Las Bahamas, idiota. No esperabas salir en el periódico matutino, ¿o sí? Aquí a nadie le importa tus amoríos. Pero si te hubieses dignado a mirar cinco minutos por la red tendrías aunque sea una idea.Tomó la laptop y la abrió sobre mis ojos. Páginas periodísticas mundiales, con videos de nosotros viendo Hamlet en el biblioteatro y una mujer de cuarenta y muchos hablando sobre nosotros. Esa mujer, rubia y de cara conocida, ¿dónde la había visto antes?¡La vendedora! Esa mujer del SPA que dijo algo sobre una novia. Me pasé la mano por el cabello y tiré con fuerza de las puntas. ¿Qué había dicho? No lo recordaba, pero habló de ella, insinuó sobre si teníamos algo. ¿Qué le había dicho yo? No recordaba haberlo negado. ¡Joder, no lo había hecho! Volví a tirar de mi pelo. Scooter tenía razón, ¿en qué estaba pensando? Debí decirle a la mujer que no era mi novia, que era una amiga. ¿Por qué no lo hice?-Yo… No sé qué decir. Lo siento.Scooter volvió a cerrar la laptop y suspiró. Sujetó el tabique de su nariz entre su pulgar e índice bajando la vista al suelo. Estaba tratando de calmarse, pero aún estaba enojado. Nunca pensé que la situación se pondría tan jodida.-Lo sientes… -dijo sin levantar la vista del suelo- Necesitamos más que un “lo siento”: necesitamos una solución.-¿Qué esperas que haga?-Espero que alguna vez en tu vida empieces a hacer las cosas bien, pero creo que eso es mucho pedir –rió sin ganas-. Vamos a hacer algo.Suspiró pesadamente y volvió a levantar la vista para verme. Ya no gritaba y supuse que eso sería una buena señal. Me tranquilicé.-Dejarás esto. Ahora.Fruncí el ceño.-¿A qué te refieres con que lo dejaré?-Lo que has oído. O te alejas de ella ahora mismo o terminarás de mandar todo esto a la mierda.El aire se hizo más pesado, el tiempo se detuvo. Temí que mis ojos salieran de sus órbitas. No podía creer lo que estaba oyendo.-No esperarás que deje de verla, ¿o sí?-¿Cómo debo decírtelo? Te has enrollado con una cualquiera. Si hubiese sido una actriz tal vez esto sería mucho más sencillo, pero no, has metido la pata hasta el fondo dejándote ver con una chica ordinaria. Dejarás esto ya y al llegar a Nueva York irás a cada entrevista que te ponga en frente sólo para aclarar esta mierda. Le dirás a todo el mundo que ya pasó, que sólo fue para pasarlo bien un rato, que ya no la ves, que…-¡Que no me enrollé con ella, mierda! –Lo interrumpí- Deja ya de decir eso, porque es mentira, joder. Me importa un carajo lo que digan esas revistas. No, no dejaré de verla ni tampoco pienso negarla en televisión. Ella se va hoy día, ¿entiendes? Se va. No puede irse sin que nos despidamos.-¿Despedirte? Espero que hables de un adiós y un beso en la mejilla. No quiero que vuelvan a fotografiarlos en público.-No dejaré que la última tarde que tenga aquí sea así.-¿Puedes dejar de pensar en “ustedes” un segundo? Mira, ella volverá con Ryan después de la cena. El jet ya está aquí y se la llevará a las siete. Podrás despedirte de ella aquí y dejar esto de una vez, ¿está claro?-No. No me despediré de ella como si fuéramos dos extraños.Suspiró indignado.-¿No ves lo jodido que es esto? Estamos a cien metros bajo tierra, hundidos hasta el fondo por estos jueguitos tuyos.-No son juegos. Yo la quiero.Nos quedamos en silencio, mirándonos fijamente, pero Scooter fue el primero en ceder y dejó de sostener la mirada. No iba a dejarme ganar, en esto no. Tomó un profundo respiro antes de continuar.-O cortas con ella o cortas tu carrera –se dio media vuelta-. Adiós.Y salió de la habitación.Me saqué el gorro y lo tiré sobre los papeles en la cama. Me senté en una silla tratando de calmarme, el corazón me iba a mil por hora. Volví a tomar mi celular de la mesa y lo sostuve frente a mis ojos, viendo su nombre en la pantalla. Quería llamarla, oír su voz feliz, sólo una vez, escucharla hablar sin tener idea de todo lo que ha pasado, pretender que estar con ella es tan fácil como lo parece. Acaricié la pantalla con un dedo, sobre su nombre y su número. Y sonreí triste. Sí, debía llamarla. Escucharla decir mi nombre, que me diga que está feliz, que han sido las mejores vacaciones de su vida, que me va a extrañar. Quería llamarla para oírla decir que me quiere.-¿Justin?-Hola. –respondí en un susurro.-¿Cómo dormiste?-Bien, ¿y tú?-Bien.Silencio. Estaba triste, pero por alguna extraña razón, sonreía. Y creo que ella también lo hacía.-Creo que no podremos cenar juntos. –dije al fin.-¿No? ¿Por qué?-Scooter me ha dicho que Ryan no te traerá hasta la hora de tu vuelo.-¿Eso te ha dicho? A mí él no me ha dicho nada.-Entonces tal vez deba mantener la boca cerrada para no arruinar la sorpresa. –reí triste.Silencio otra vez, pero ésta vez ella habló primero.-¿Qué pasa, Justin?-Nada.-Me estás preocupando, estás muy callado. ¿Qué pasa?-Nada. Es que me gusta oírte hablar.Rió.-Me oyes todo el tiempo.-Tal vez después no pueda hacerlo más.Tragué saliva y hubo silencio otra vez. Su voz era baja, pero desbordaba preocupación en cada palabra y por un momento tuve miedo de que se pusiera a llorar al otro lado del teléfono.-¿Por qué me dices eso? Dijiste que nos veríamos otra vez.« No lo sé, bonita, no lo sé. »-Sí, volveremos a vernos.Podía imaginármela sonriendo triste, o tal vez ese era yo. Quería abrazarla, sujetarla otra vez.-¿Qué pasa, Justin? –Oigo un sollozo- ¿Por qué has llamado?-No es nada.-¿Por qué?-Por nada.-¿Por qué?Suspiré y dejé mi cabeza caer entre mis piernas.-Porque te quiero.Ambos sonreímos tristes.-Yo también te quiero. –respondió.-Te voy a extrañar mucho.Oí cómo ahogaba un sollozo con su mano al otro lado de la línea. Mis ojos comenzaron a enrojecer de sólo imaginarla triste, sabiendo que después de esta noche las cosas podían cambiar mucho.-No llores. –Sorbí por la nariz- Estás en un SPA con Ryan. No debes llorar en tu último día de vacaciones.-Es que también te voy a extrañar mucho.Hice una mueca de dolor y luego parpadeé varias veces tratando de contenerme. Ella estaba triste y yo debía ser fuerte y hacer que no lo estuviera, eso es lo que hacen los mejores amigos. Se apoyan, se hacen reír, no se enamoran del otro.-No tenemos que despedirnos ahora. Sólo llamaba para saber cómo estabas.-Te quiero, Justin.Volví a tragar un nudo en mi garganta. Ella ya me lo había dicho muchas veces antes, pero algo tenía esta vez que me hizo sentir especial. Probablemente eran imaginaciones mías, estaba tan desesperado porque ese te quiero fuera algo más que creía haber oído segundas intenciones en su voz.-Yo también te quiero.Colgué antes de que pudiera decir algo más y lancé el teléfono detrás de la cama.Por qué todos los días eran tan estresantes. Hubiese dado lo que fuese por tener un día normal. Pero es que ella no era una chica normal. Recordé su sonrisa, sus bromas, sus manos golpeándome con cariño, y eso me hizo sonreír otra vez. Me toqué la comisura de mis labios recordando su leve beso la noche anterior. Y volví a sonreír otra vez. Una sonrisa auténtica, sincera y de felicidad. Aunque había sido un simple beso muy cerca del límite, significaba que me quería. Me quedé viendo la trampilla en la pared y reí. ¿Cuánto se podía perder la razón en dos meses?Saqué un martillo de un cajón y me arrodillé hasta estar de frente con la trampilla. Lamentaba tener que hacerlo, pero no dejaría esa puerta de madera en esa pared para toda la eternidad, acumulando polvo y telarañas, así que con el martillo comencé a golpear las bisagras hasta romperlas. No las golpeé con rabia, ni con mucha fuerza, sólo lo necesario para romperlas y dejar caer la puerta. Luego fui a su habitación e hice lo mismo.Acaricié el listón rojo que envolvía el papel de seda y guardé el bulto dentro de la mochila. Aún no oscurecía así que supuse que aún me quedaría un poco más de una hora para su vuelo. Me monté la mochila sobre un hombro y salí a la calle en busca de un taxi. Había salido de casa con tanta prisa que olvidé sacar alguno de los autos. Como sea. Caminé un par de cuadras en busca de un taxi y al final di con uno. Entré y me llevé la mochila sobre el regazo, le di la dirección al chófer y comencé a golpear el piso con los pies, inquieto. El sol comenzaba a hundirse en el agua a mi lado. Mientras veía el último atardecer por la ventanilla del auto me permito felicitarme a mí mismo por el presente y comencé a sonreír. Sentí un calosfrío cruzarme por la espalda, probablemente por la adrenalina. Dentro de una hora ambos subiríamos a aviones en direcciones diferentes y a partir de ahí todo sería incierto. Jamás pensé que alguien me diría que debía dejarla, dejarla de verdad. Pero no permitiría eso, supongo. Suspiré. Era tan difícil, pensaría en eso luego. Abrí el cierre de la mochila y metí la mano para una vez más el papel de seda y asegurarme de que seguía allí. No importa, una vez que ella tuviera mi regalo podía pasar cualquier cosa y ella no se olvidaría de mí, ni de que la quiero.Mi sonrisa se desvaneció al darme cuenta de que el taxi llevaba un buen rato sin avanzar. Fruncí el ceño y me asomé por la ventana. Carajo, había al menos un kilómetro de tráfico y me quedaba mucho para llegar al aeropuerto. Me metí la mano en el bolsillo de la chaqueta en busca del celular, pero no estaba. Los pantalones; tampoco. Joder, debí haberlo dejado tirado detrás de la cama.-Disculpe, señor, ¿me podría decir qué hora es?-Son las… 18:40.« ¡Joder, voy tarde! »Me pasé una mano por el pelo desesperado. ¿Qué hacer? Miré a mí alrededor en busca de inspiración divina. Nada. El tráfico parecía no querer desvanecerse hasta dentro de un par de horas más y yo no tenía más que veinte minutos para llegar hasta el aeropuerto. Si no llegaba jamás me perdonaría no haberme despedido de ella. No sé si la temperatura comenzó a subir de pronto o sólo era la adrenalina, pero estaba sudando. ¿Qué hacer, qué hacer, qué hacer? Observé por la ventanilla y al otro lado de la calle vi a un chico bajarse de su bicicleta apoyándola en un poste.-Tome, déjeme aquí. –dije alargándole un montón de billetes al chófer y bajándome del auto.Comencé a zigzaguear entre los autos con la mochila al hombro hasta llegar al chico. Ante la impresión de éste y sin permitirle que me dirija media palabra me monté sobre la bicicleta y le metí otro montón de billetes al azar en la mano.-Lo siento, pero tendrás que comprar otra. –Lo observé un segundo antes de irme- ¿Me das tu reloj?El chico, aún desconcertado, observó un segundo hacia el fajo de dinero y luego me entregó su reloj sin dudar.-Gracias.Sin tiempo para colocármelo, lo empuñé con mi mano y comencé a pedalear. ¿Cuánto se puede perder la razón por la chica que quieres?« Debo llegar. Debo llegar. »Comencé pasar entre los autos ignorando los bocinazos de éstos y aunque trataba de ir lo más rápido posible el tiempo parecía avanzar en cámara lenta. Más rápido. Un vistazo al reloj: ocho minutos más. Miré adelante y traté de darme ánimos para seguir el siguiente kilómetro. Más rápido. Ya no sentía las piernas. Más autos, más bocinazos. No importa. « Tengo que llegar. Tengo que darle su regalo. » Otro vistazo al reloj: ¡Un minuto! Carajo, aún me quedaba un largo trecho por llegar y ya no podía ir más rápido. Me sequé el sudor de la frente y seguí avanzando. Estaba jadeando y al pasar rapando al lado de un Audi el chófer comenzó a gritarme palabras poco amables mientras me enseñaba su dedo corazón.-¡Lo siento! –grité volteando sin detenerme.Doblé a la derecha adentrándome entre un camino pedregoso. Volví a secarme el sudor y tiré el reloj que llevaba en la mano entre unos arbustos. Sabía que iba tarde, pero si veía la hora entraría en pánico. Al fin el terreno comenzó a vaciarse, ya no se veían casas ni autos, sólo tierra y a los lejos veo una eterna faja de cemento y la pista privada para jet. Esperaba que no se hubiese ido aún, que se hubiese retrasado el avión, porque yo ya iba más de cinco minutos tarde. Tal vez ella les había dicho que me esperaran, que confiaba en mí y que sabía que llegaría. ¡Si tan sólo hubiese tenido mi jodido teléfono para avisarle!Tiré la bicicleta al suelo y entré a toda prisa por las puertas automáticas. A lo lejos divisé a Scooter, pero no la veía a ella por ninguna parte. Me dirigí al baño. Si ellos seguían allí entonces ella también, tal vez sólo estaba en el baño. Entré sin pudor al baño de chicas, pero nada, vacío. Aproveché de mojarme un poco la cara y volví a salir corriendo.-¿Dónde está? –le pregunté a Scooter jadeando.Éste me miró de pies a cabeza sin mucho aprecio, preguntándome qué era lo que hacía allí, pero no tenía tiempo para discutir. Finalmente me señaló con la barbilla una pared de cristal por donde podía verla avanzar con sus maletas por la pista de aterrizaje. No, no, no. ¡Se me va!Me saqué la chaqueta y se la entregué a Scooter.-Lo siento, pero no dejaré que se vaya tan fácilmente.Volví a tomar mi mochila y mientras oía a Scooter maldecir entre dientes salí por la puerta automática hasta un túnel. Seguí corriendo hasta el final y el aire helado de la pista me dio en la cara. No importa. La vi a lo lejos y corrí a través del frío hasta estar detrás de ella y la tomé con un brazo hasta hacerla voltear.Me quedé viéndola sin decir nada. Tenía los ojos rojos, había estado llorando y algunas lágrimas aún caían por su rostro. Quite una con mi pulgar y ella cerró los ojos ante mi caricia.-Pensé que no llegarías. –dijo volviendo a abrir los ojos.-Pensé que confiabas más en mí.Besé su frente tratando de consolarla. No quería verla triste, pero ni siquiera yo podía evitarlo. Se iba.-No… Yo…-No tienes que decir nada.-Te voy a extrañar mucho, Justin.Sonreí triste y con mi mano la acerqué aún más a mi cara, rozando nuestras narices en un gesto cariñoso.-Yo también. Y te traje un regalo para que me extrañes menos.Me alejé de ella sin ganas y de mi mochila saqué el paquete hasta entregárselo en sus manos.-Ábrelo.-Pero el avión ya se va.-Te esperarán. Sólo hazlo.Y sin decir nada más hizo lo que le pedí. Deshizo el nudo de la cinta y luego apartó el papel de seda hasta que el regalo quedó al descubierto. Con ojos atónitos comenzó a acariciar la que antes era la puerta de su trampilla, pasó los dedos a través del tallado con forma de corazón de la edad media. Volvió a mirarme y a pesar de que las lágrimas volvieron a caer por sus ojos, me agradeció con una tímida sonrisa que no temí en devolverle.-Voltéalo. –susurré.Con manos temblorosas dejó caer el papel de seda al suelo y giró la pequeña puerta de madera. La parte de atrás que antes era lisa, ahora tenía palabras y números tallados encima. Comenzó a leer el grabado y una lágrima cayó sobre la madera.“15 de Octubre – El día en que nos conocimos.12 de Noviembre – El día en que empecé a quererte demasiado.14 de Noviembre – El día en que me rompiste el corazón por primera vez.3 de Diciembre – El día en que besaste los labios de otro.4 de Diciembre – El día en que nos besamos por primera vez.5 de Diciembre – El día en que prometí dejarte ir.13 de Diciembre – El día en que comenzaste a pertenecerle a alguien más.15 de Diciembre – El día en que te fuiste de mis brazos.”Se llevó una de sus manos a la boca y ahogó un sollozo. Las lágrimas comenzaron a resbalarse por su rostro y mis ojos a humedecerse. No. Parpadeé alejando el llanto, sería fuerte para ella. No sabía si debía acercarme a consolarla, quizá después de todas estas confesiones sería muy incómodo para ella abrazar al amigo que la quiere más de la cuenta. De todos modos me acerqué con cuidado, rodeándola indeciso en un principio y luego con seguridad la presioné contra mi pecho.-No llores.-Yo… No sabía que todo esto estaba pasando. Lo siento, Justin –solloza-. No quería hacerte daño.Aceptó mi abrazo, me rodeó con sus manos y apoyó su mejilla en mi pecho, acariciándome con su nariz a través de la ropa. Suspiré aliviado sobre su cabello. Me sentía mucho mejor ahora que sabía que ella se iría sabiendo realmente todo lo que me había pasado en éstas vacaciones. Mis hombros de pronto comenzaron a pesar mucho menos. Se lo estaba tomando mucho mejor de lo que esperaba. « Maravillosa. »-No todos los recuerdos son tristes –dije-. Tal vez también debí añadir la vez que fuimos al jardín de rosas, al teatro, cuando enfermaste, el globo aerostático…La frase quedó en el aire cuando ella levantó su rostro y me vio a los ojos, interrumpiéndome sin decir nada. Tragué saliva, sentía la necesidad de apartar la vista, pero no podía dejar de verla, de pronto era como si pudiera leer todos mis secretos. Me sentí apenado, porque eran secretos que no debían existir y ya era momento de decirlos.-Una vez te dije que te quería mucho, todo de ti. Que te quería más de la cuenta, ¿lo recuerdas?Asintió lentamente.-Tú… me rompiste el corazón y yo prometí no volver a quererte así.Hizo una mueca de dolor y yo suspiré antes de seguir.-Aún te quiero así.Tragué saliva y acaricié su espalda, sintiendo su calor traspasar la ropa, temiendo que se apartara y me dejara frío otra vez. Esperé a su respuesta, fuese la que fuese. Si quería decirme que no quería verme más, darse media vuelta e irse, yo lo habría aceptado y a pesar del dolor la habría dejado ir. Pero ella es mucho mejor que eso. Seguimos así, inmóviles, viéndonos a los ojos sin decir nada.Aún entre mis brazos, soltó el regalo a mis espaldas estrellándolo contra el suelo. Con ambas manos libres me sujetó el rostro y me besó. Un beso tan inesperado y tibio como ella misma. Cerré los ojos y sucumbí a su beso, me perdí en ese beso sin pensar en que tal vez era un beso de despedida. Subí mis manos hasta su rostro, sosteniéndola para que no lo apartara, y seguí acariciando sus labios con los míos, tan suaves y capaces de hacer que olvide todo. Sus labios volvían a ser como antes, a sentirse como si estuvieran hechos para estar con los míos.Ambos nos separamos lentamente hasta que sólo nuestras narices se tocaron.-Yo también te quiero así.Suspiré y cerré los ojos con alivio, felicidad, sorpresa, todo a la vez. Sonreí para mis adentros y volví a tomar su rostro entre mis manos. Con confianza acerqué su boca a la mía hasta que nuestros labios se unieron otra vez. Ella me quería, de la misma forma en que yo la quería. Por fin, después de tanto tiempo. Vertí en ese beso todos mis sentimientos, acariciando sus labios con seguridad, sintiendo su sabor, disfrutando lo tibios que eran. Sin darme cuenta las lágrimas comenzaron a rodarme por las mejillas, pero no me importaba, porque no podía dejar de besarla. De pronto, en mis manos también sentí sus lágrimas caer. No quería que llorara, pero todo eso pasó a un segundo plano, porque aún no podía dejar de besarla, porque era hermoso, porque me quería de la misma forma y podíamos besarnos y ambos lo queríamos. No la vi, pero sentí su mano en mi mejilla secándome la humedad. Terminé el beso para tomar aire y junté mi frente con la suya, para verla bien, sin poder terminar de creerme que todo eso era real y que ella también me quería. Cerré los ojos y volví a besarla, porque de pronto se transformó en mi aire y deseaba besarla más que respirar. Me embebí de ella, de su cariño, de sus labios suaves, de su olor, y transformé esos besos en los mejores de mi vida.-No te vayas. –supliqué.-No me puedo quedar.Hice una mueca de dolor. La necesitaba tanto, ahora más que nunca, y no podía soportar la idea de tener que dejarla ir justo en ese momento.-Te quiero. –susurré.-Te quiero. –respondió.Y por fin ese te quiero era de verdad, era sincero, significaba más que querer ser amigos. Significaba que ambos queríamos más de esto, de besos interminables, de reclamarnos como nuestros, de decirles a todos que yo soy de ella y que ella es mía.-Adiós. –dijo y con un rápido beso en los labios recogió su regalo y sus maletas.Tratando de desaparecer las últimas lágrimas la vi alejarse, subir por esas escaleras y ver las puertas cerrándose. Ya sentía que le extrañaba, que la necesitaba, que me faltaba. Volví a sentir el frío, la ausencia de sus labios.Entonces lo entendí.No sólo la quería más de la cuenta.Me había enamorado locamente de ella.La amaba. La amaba sólo como aman los primerizos, de una forma que es imposible imaginar. La amaba porque reía, la amaba porque lloraba. Yo simplemente la amaba a ella. Estaba enamorado, locamente enamorado de la chica que acababa de besar y no podía evitarlo.Vi el avión alejarse y sentí que todo debió ser diferente, debí detenerla y decirle que huyéramos juntos. Debí haberme dado cuenta de que estaba enamorado mucho antes y haber subido a ese avión con ella. Hacer lo que fuera necesario para no dejar que se fuera, porque la amaba.¿Cuánto se puede perder la razón por amor?-FIN DE LA PRIMERA PARTE DEL FANFIC-

IDK WHAT A OF THAT SAID BUT NICE PICTURE…

You just ruined my post ^

sorry…..(hides in corner)

forgiven :) P.S.: It’s a fanfiction, but it’s in spanish haha

a caskade theme